martes, 3 de julio de 2012

Moisés—Poderoso por la fe

 Cuando quedó privado del cuidado protector del hogar de su infancia, Moisés era menor que José y Daniel y, sin embargo, ya habían amoldado su carácter los mismos instrumentos que amoldaron la vida de aquellos. Pasó solamente doce años con su parentela hebrea, pero durante ese tiempo puso el cimiento de su grandeza una persona de fama poco pregonada. Jocabed era mujer y esclava. Su destino en la vida era humilde, y su carga pesada. Sin embargo, el mundo no ha recibido beneficios mayores mediante ninguna otra mujer, con excepción de María de Nazaret. Sabiendo que su hijo había de pasar pronto de su cuidado al de los que no conocían a Dios, se esforzó con más fervor aún para unir su alma con el cielo. Trató de implantar en su corazón el amor y la lealtad a Dios. Y llevó a cabo con fidelidad esa obra. Ninguna influencia posterior pudo inducir a Moisés a renunciar a los principios de verdad que eran el centro de la enseñanza de su madre. Del humilde hogar de Gosén, el hijo de Jocabed pasó al palacio de los faraones, al cuidado de la princesa egipcia que le dio la bienvenida como a un hijo amado y mimado. Moisés recibió en las escuelas de Egipto la más elevada educación civil y militar. Dotado de grandes atractivos personales, de formas y estatura nobles, de mente cultivada y porte principesco, y renombrado como jefe militar, llegó a ser el orgullo de la nación. El rey de Egipto era también miembro del sacerdocio, y Moisés, aunque se negaba a tener parte en el culto pagano, fue iniciado en todos los misterios de la religión egipcia. Siendo todavía Egipto en ese tiempo la nación más poderosa y civilizada, Moisés, como soberano en perspectiva, era heredero de los mayores honores que el mundo le podía otorgar. Pero su elección fue más noble. Por el honor de Dios y la liberación de su pueblo oprimido, Moisés sacrificó los honores de Egipto. Entonces Dios se encargó en un sentido especial de su educación. Moisés no estaba aún preparado para la obra de su vida. Todavía tenía que aprender a depender del poder divino. Había entendido mal el propósito de Dios. Su esperanza era librar a Israel por la fuerza de las armas. Para ello, lo arriesgó todo, y fracasó. Derrotado y desalentado, se transformó en fugitivo y desterrado en un país extraño.

lunes, 2 de julio de 2012

Tiempo de despertar

No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad debidamente, y no pequéis. 1 Corintios 15:33, 34. 

¡Despierten, hermanos y hermanas, despierten! Proclamen el Evangelio en su sencillez. Escuchen lo que dice la Escritura como si de ello dependieran sus vidas. Es de la mayor importancia que escuchen correctamente, que purifiquen sus corazones del egoísmo, porque está en juego su bienestar eterno. ¿Están buscando la Perla de gran precio? ¿Se están precaviendo contra los engaños de Satanás? ¿O están listos para recibir las sugerencias de los que se han apartado de la fe, y dar oídos a espíritus seductores? La salvación de ustedes depende de su correcta manera de oír, y de recibir con humildad la Palabra injertada. ¿Se reconciliarán con Dios y obedecerán sus mandamientos, a fin de que puedan ser santificados en cuerpo, alma y espíritu? Han sido comprados por precio, por la muerte del unigénito Hijo de Dios. Sus corazones siguen latiendo. De esa pulsación depende su vida. Su latido es independiente de la voluntad de ustedes. Comen y duermen con indiferencia negligente. Pero el cuidado protector de Dios sobre ustedes es incesante. Controla el flujo y reflujo de la corriente vital. ¿Dónde está la gratitud que debiera levantarse de los labios humanos por su cuidado sustentador? ¿Dónde está el reconocimiento por su incesante desvelo?... ¡Despierten, despierten! Abandonen el orgullo y olviden su postura de indiferencia. Para ustedes, el tiempo de prueba ha llegado y deben tomar posiciones con Cristo o contra El. ¿De qué lado están? ¿Con el mundo o con Cristo? ¿Están recibiendo la verdad y preparándose para hablar en sazón a fin de atraer la atención de los descuidados e indiferentes? Dios demanda decididos cambios de actitud. La verdad que poseen es la Palabra del Dios viviente. ¿Qué están haciendo para cumplir con las demandas del Evangelio? ¿Es su mayor deseo conocer la voluntad de Aquel que se dio a sí mismo por ustedes en abnegación y sacrificio, a fin de que puedan llegar a ser hijos e hijas de Dios? ¿Están buscando despertar a las almas para que se interesen en las realidades eternas? Ahora es el momento en que ustedes deben aprender cómo trabajar fervorosa e inteligentemente en favor de la salvación de los que están a punto de perecer. No entren en componendas con los poderes de las tinieblas. Sepan cuáles son las demandas de la ley de Dios y obedézcanlas de corazón. Entonces sus vidas relucirán en medio de las tinieblas espirituales del mundo.—Carta 32, del 5 de febrero de 1907, dirigida a los miembros de iglesia en Melbourne, Australia, y sus alrededores.*