El cielo se llenó de pesar cuando todos se dieron cuenta de que el hombre estaba perdido... Toda la familia de Adán debía morir. Contemplé al amante Jesús y percibí una expresión de simpatía y pesar en su rostro. Pronto lo vi aproximarse al extraordinario y brillante resplandor que rodea al Altísimo. Mi ángel acompañante dijo: “Está en íntima comunión con el Padre”. La ansiedad de los ángeles parecía ser muy intensa mientras Jesús estaba en comunión con Dios. Tres veces lo encerró el glorioso resplandor que rodea al Padre, y cuando salió la tercera vez, se lo pudo ver. Su rostro estaba calmado, libre de perplejidad y duda, y resplandecía con una bondad y una amabilidad que las palabras no pueden expresar. Entonces informó a la hueste angélica que se había encontrado una vía de escape para el hombre perdido. Les dijo que había suplicado a su Padre, y que había ofrecido su vida en rescate, para que la sentencia de muerte recayera sobre él, para que por su intermedio el hombre pudiera encontrar perdón; para que por los méritos de su sangre, y como resultado de su obediencia a la ley de Dios, el hombre pudiera gozar del favor del Señor, volver al hermoso jardín y comer del fruto del árbol de la vida. En primera instancia los ángeles no se pudieron regocijar, porque su Comandante no les ocultó nada, sino por el contrario abrió frente a ellos el plan de salvación. Les dijo que se ubicaría entre la ira de su Padre y el hombre culpable, que llevaría sobre sí la iniquidad y el escarnio, y que pocos lo recibirían como Hijo de Dios. Casi todos lo aborrecerían y lo rechazarían. Dejaría toda su gloria en el cielo, aparecería sobre la tierra como hombre, se humillaría como un hombre, llegaría a conocer por experiencia propia las diversas tentaciones que asediarían al hombre, para poder saber cómo socorrer a los que fueran tentados... El peso de los pecados de todo el mundo recaería sobre él. Les dijo que moriría y se levantaría de nuevo al tercer día, que ascendería a su Padre para interceder por el hombre extraviado y culpable.—La Historia de la Redención, 44-45. La obediencia mediante Jesucristo le da al hombre perfección de carácter y el derecho de participar del árbol de la vida. Las condiciones para participar nuevamente del fruto del árbol, están presentadas claramente en el testimonio de Jesucristo dado a Juan: “Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad”.
esperanza en la tormenta
viernes, 20 de septiembre de 2013
Jesús el camino de salvación
El cielo se llenó de pesar cuando todos se dieron cuenta de que el hombre estaba perdido... Toda la familia de Adán debía morir. Contemplé al amante Jesús y percibí una expresión de simpatía y pesar en su rostro. Pronto lo vi aproximarse al extraordinario y brillante resplandor que rodea al Altísimo. Mi ángel acompañante dijo: “Está en íntima comunión con el Padre”. La ansiedad de los ángeles parecía ser muy intensa mientras Jesús estaba en comunión con Dios. Tres veces lo encerró el glorioso resplandor que rodea al Padre, y cuando salió la tercera vez, se lo pudo ver. Su rostro estaba calmado, libre de perplejidad y duda, y resplandecía con una bondad y una amabilidad que las palabras no pueden expresar. Entonces informó a la hueste angélica que se había encontrado una vía de escape para el hombre perdido. Les dijo que había suplicado a su Padre, y que había ofrecido su vida en rescate, para que la sentencia de muerte recayera sobre él, para que por su intermedio el hombre pudiera encontrar perdón; para que por los méritos de su sangre, y como resultado de su obediencia a la ley de Dios, el hombre pudiera gozar del favor del Señor, volver al hermoso jardín y comer del fruto del árbol de la vida. En primera instancia los ángeles no se pudieron regocijar, porque su Comandante no les ocultó nada, sino por el contrario abrió frente a ellos el plan de salvación. Les dijo que se ubicaría entre la ira de su Padre y el hombre culpable, que llevaría sobre sí la iniquidad y el escarnio, y que pocos lo recibirían como Hijo de Dios. Casi todos lo aborrecerían y lo rechazarían. Dejaría toda su gloria en el cielo, aparecería sobre la tierra como hombre, se humillaría como un hombre, llegaría a conocer por experiencia propia las diversas tentaciones que asediarían al hombre, para poder saber cómo socorrer a los que fueran tentados... El peso de los pecados de todo el mundo recaería sobre él. Les dijo que moriría y se levantaría de nuevo al tercer día, que ascendería a su Padre para interceder por el hombre extraviado y culpable.—La Historia de la Redención, 44-45. La obediencia mediante Jesucristo le da al hombre perfección de carácter y el derecho de participar del árbol de la vida. Las condiciones para participar nuevamente del fruto del árbol, están presentadas claramente en el testimonio de Jesucristo dado a Juan: “Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad”.
lunes, 18 de marzo de 2013
Crisis en Israel
Éxodo 32:1-6.
Hicieron becerro en Horeb, se postraron ante una imagen de fundición. Así cambiaron su gloria por la imagen de un buey que come hierba. Salmos 106:19, 20.
En ausencia de Moisés, el poder judicial había sido confiado a Aarón, y una enorme multitud se reunió alrededor de su tienda para presentarle esta exigencia: “Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés... no sabemos qué le haya acontecido”. La. nube, dijeron ellos... se había posado permanentemente sobre el monte, y ya no dirigía más su peregrinación...
Para hacer frente a semejante crisis, hacía falta un hombre de firmeza, decisión, y ánimo imperturbable, un hombre que considerara el honor de Dios por sobre el favor popular, por sobre su seguridad personal y su misma vida. Pero el jefe provisorio de Israel no tenía ese carácter. Aarón reconvino débilmente al pueblo, y su vacilación y timidez en el momento crítico sólo sirvieron para hacerlos más decididos en su propósito... Algunos permanecieron fieles en su pacto con Dios; pero la mayor parte del pueblo se unió a la apostasía...
Aarón temió por su propia seguridad; y en vez de ponerse noblemente de parte del honor de Dios, cedió a las demandas de la multitud... Entregaron de buena gana sus adornos, con los cuales él fundió un becerro semejante a los dioses de Egipto. El pueblo exclamó: “Israel, éstos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto”. Con vileza, Aarón permitió este insulto a Jehová. Y fue aún más lejos. Viendo la satisfacción con que se había recibido el becerro de oro, hizo construir un altar ante él e hizo proclamar: “Mañana será fiesta a Jehová”. El anunció fue proclamado por medio de trompetas de compañía en compañía por todo el campamento... Con el pretexto de celebrar una “fiesta a Jehová”, se entregaron a la glotonería y la orgía licenciosa.
¡ Cuán a menudo, en nuestros propios días, se disfraza el amor al placer bajo la “apariencia de piedad”! Una religión que permita a los hombres, mientras observan los ritos del culto, dedicarse a la satisfacción del egoísmo o la sensualidad, es tan agradable a las multitudes actuales como lo fue en los días de Israel. Y hay todavía Aarones dóciles que, mientras desempeñan cargos de autoridad en la iglesia, ceden a los deseos de los miembros no consagrados, y así los incitan al pecado. Historia de los Patriarcas y Profetas, 326-328
domingo, 13 de enero de 2013
La verdad un principio permanente
La verdad de Dios, revelada en su Palabra, es un principio viviente y permanente. No debe ser considerada como una influencia entre muchas otras, sino que debe estar sobre todas las otras. Ejercerá poder en la vida y la conducta hasta que todo el ser sea asimilado a la imagen del Modelo perfecto, y el agente humano sea completo en Cristo Jesús. “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él”, no en uno mismo, no en las ideas de los hombres, sino “en él, y confirmados en la fe. así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias. Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo”. Colosenses 2:6-8.
El mayor peligro para Uds. consiste en que no vean la necesidad de contemplar el carácter de Cristo con el propósito de imitar su vida y conformar sus caracteres al de El. Debe verse una marcada diferencia entre los de Uds. y el que se manifiesta en el mundo. “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad”. Colosenses 2:9, 10.
Las sublimes verdades de la Biblia son para nosotros individualmente; para regir, guiar y controlar nuestra vida, porque ésta es la única manera mediante la cual Cristo puede ser representado adecuadamente ante el mundo; mediante la gracia y hermosura del carácter de todos los que profesan ser sus discípulos. Nada menos que un servicio de corazón será aceptable para Dios. El requiere la santificación del ser entero: cuerpo, alma y espíritu. El Espíritu Santo implanta una nueva criatura y modela el carácter humano mediante la gracia de Cristo, hasta que la imagen de Jesús es perfecta. Esto es verdadera santidad...
El espíritu que Uds. manifiestan, sus palabras e influencia, causan impresiones en las mentes de otros. Si la atmósfera que rodea el alma es mala, será como una malaria espiritual que envenenará a los que estén alrededor. Pero es beneficioso para el alma tener una atmósfera que sea para otros sabor de vida para vida. Cuando el ser está lleno de la verdad que obra por el amor y purifica el alma, lo impregna una atmósfera celestial. “El que anda con sabios, sabio será; mas el que se junta con necios será quebrantado”. Proverbios 13:20. Toda alma que pretende creer la verdad debiera manifestar justicia de carácter, devoción a Dios, pureza de propósitos y representar el carácter de Cristo en una vida ordenada y una santa conversación.—Carta 70, del 13 de enero de 1894, dirigida a los “Hermanos en posiciones de responsabilidad en la Review and Herald”.*
El mayor peligro para Uds. consiste en que no vean la necesidad de contemplar el carácter de Cristo con el propósito de imitar su vida y conformar sus caracteres al de El. Debe verse una marcada diferencia entre los de Uds. y el que se manifiesta en el mundo. “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad”. Colosenses 2:9, 10.
Las sublimes verdades de la Biblia son para nosotros individualmente; para regir, guiar y controlar nuestra vida, porque ésta es la única manera mediante la cual Cristo puede ser representado adecuadamente ante el mundo; mediante la gracia y hermosura del carácter de todos los que profesan ser sus discípulos. Nada menos que un servicio de corazón será aceptable para Dios. El requiere la santificación del ser entero: cuerpo, alma y espíritu. El Espíritu Santo implanta una nueva criatura y modela el carácter humano mediante la gracia de Cristo, hasta que la imagen de Jesús es perfecta. Esto es verdadera santidad...
El espíritu que Uds. manifiestan, sus palabras e influencia, causan impresiones en las mentes de otros. Si la atmósfera que rodea el alma es mala, será como una malaria espiritual que envenenará a los que estén alrededor. Pero es beneficioso para el alma tener una atmósfera que sea para otros sabor de vida para vida. Cuando el ser está lleno de la verdad que obra por el amor y purifica el alma, lo impregna una atmósfera celestial. “El que anda con sabios, sabio será; mas el que se junta con necios será quebrantado”. Proverbios 13:20. Toda alma que pretende creer la verdad debiera manifestar justicia de carácter, devoción a Dios, pureza de propósitos y representar el carácter de Cristo en una vida ordenada y una santa conversación.—Carta 70, del 13 de enero de 1894, dirigida a los “Hermanos en posiciones de responsabilidad en la Review and Herald”.*
domingo, 6 de enero de 2013
SEAMOS PUROS COMO CRISTO
Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. 1 Juan 3:3.
Cristo elevará y refinará la mente del hombre, purificándola de toda escoria a fin de que pueda apreciar el amor incomparable.
Por medio del arrepentimiento, la fe y las buenas obras, él puede perfeccionar un carácter justo, y reclamar, por los méritos de Cristo, los privilegios de los hijos de Dios. Los principios de la verdad divina, recibidos y atesorados en el corazón, nos elevarán a alturas de excelencia moral que no nos hubiera sido posible pensar que alcanzaríamos... “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro”.
La santidad de corazón y la pureza de vida eran los grandes temas de las enseñanzas de Cristo. En su Sermón del Monte, después de especificar lo que se debe hacer a fin de ser benditos, y lo que no se debe hacer, dice: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. La perfección, la santidad, nada menos que eso, les otorgará el éxito en la aplicación de los principios que les ha dado. Sin la santidad, el corazón humano es egoísta, pecaminoso y vicioso. La santidad hará que su poseedor sea fructífero y que abunde en buenas obras. Nunca se cansará del bien hacer, ni tratará de escalar posiciones en este mundo, sino que esperará ser elevado por la Majestad del cielo cuando exalte a sus santificados en su trono... La santidad de corazón producirá actos rectos.
Así como Dios es puro en su esfera, el hombre ha de ser puro en la suya. Y será puro si Cristo se forma en su interior, la esperanza de gloria; porque imitará la vida de Cristo y reflejará su carácter.
La dignidad principesca del carácter cristiano brillará como el sol y los rayos de luz del rostro de Cristo se reflejarán sobre aquellos que se han purificado a sí mismos como él es puro.
La pureza del corazón conducirá a la pureza de vida.
Cristo elevará y refinará la mente del hombre, purificándola de toda escoria a fin de que pueda apreciar el amor incomparable.
Por medio del arrepentimiento, la fe y las buenas obras, él puede perfeccionar un carácter justo, y reclamar, por los méritos de Cristo, los privilegios de los hijos de Dios. Los principios de la verdad divina, recibidos y atesorados en el corazón, nos elevarán a alturas de excelencia moral que no nos hubiera sido posible pensar que alcanzaríamos... “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro”.
La santidad de corazón y la pureza de vida eran los grandes temas de las enseñanzas de Cristo. En su Sermón del Monte, después de especificar lo que se debe hacer a fin de ser benditos, y lo que no se debe hacer, dice: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. La perfección, la santidad, nada menos que eso, les otorgará el éxito en la aplicación de los principios que les ha dado. Sin la santidad, el corazón humano es egoísta, pecaminoso y vicioso. La santidad hará que su poseedor sea fructífero y que abunde en buenas obras. Nunca se cansará del bien hacer, ni tratará de escalar posiciones en este mundo, sino que esperará ser elevado por la Majestad del cielo cuando exalte a sus santificados en su trono... La santidad de corazón producirá actos rectos.
Así como Dios es puro en su esfera, el hombre ha de ser puro en la suya. Y será puro si Cristo se forma en su interior, la esperanza de gloria; porque imitará la vida de Cristo y reflejará su carácter.
La dignidad principesca del carácter cristiano brillará como el sol y los rayos de luz del rostro de Cristo se reflejarán sobre aquellos que se han purificado a sí mismos como él es puro.
La pureza del corazón conducirá a la pureza de vida.
jueves, 3 de enero de 2013
Cerca de los que lo invocan
Dios se complace cuando mantenemos el rostro orientado hacia el Sol de justicia... Cuando estamos en dificultades y oprimidos por la ansiedad, el Señor está cerca de nosotros, y nos insta a que depositemos toda nuestra solicitud en él, porque él cuida de nosotros
Se acerca a todos sus hijos en su aflicción. Es su refugio en tiempo de peligro. Les ofrece su gozo y consuelo cuando están dolientes. ¿Nos apartaremos del Redentor, la fuente de agua viva, para cavarnos cisternas rotas que no pueden detener agua? Cuando se aproxime el peligro, ¿buscaremos la ayuda de los que son tan débiles como nosotros, o acudiremos al que es poderoso para salvar? Sus brazos están abiertos ampliamente y formula esta invitación llena de gracia: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar
No es la manifestación de su gracia, terrible majestad y poder incomparable lo que nos dejará sin excusa si le rehusamos nuestro amor y nuestra obediencia. Es el amor, la compasión, la paciencia, la longanimidad que ha manifestado, lo que testificará en contra de aquellos que no han ofrecido el servicio voluntario de sus vidas. Los que se convierten a Dios con corazón, alma y mente, encontrarán en él apacible seguridad...
El conoce justamente lo que necesitamos, justamente lo que podemos soportar, y nos dará gracia para soportar toda prueba que sobrevenga. Mi oración constante es que nos acerquemos más a Dios.
Se ha hecho toda provisión para satisfacer las necesidades de nuestra naturaleza espiritual y moral... Luz e inmortalidad son traídas por medio del Señor Jesucristo. Jesús ha dicho que ha puesto delante de nosotros una puerta abierta, y nadie puede cerrarla. La puerta abierta está delante de nosotros, y por la gracia de Cristo, rayos de luz misericordiosa dimanan desde los portones entreabiertos.
miércoles, 2 de enero de 2013
LLAMADOS HIJOS DE DIOS
Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. 1 Juan 3:1.
Mientras Juan pensaba en el amor de Cristo, se sintió impulsado a exclamar: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios”.
La gente considera un gran privilegio ver a un personaje de la familia real, y miles viajan grandes distancias para contemplar a uno de ellos. ¡Cuánto mayor es el privilegio de ser hijos e hijas del Altísimo! ¿Qué prerrogativa más grande se nos podría conferir que la de permitirnos formar parte de la familia real?
A fin de llegar a ser hijos e hijas de Dios, debemos separarnos del mundo. “Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor,... y seré a vosotros Padre, y vosotros me seréis a mí hijos e hijas”.
Hay un cielo delante de nosotros, una corona de vida que ganar. Pero sólo se dará la recompensa al vencedor. El que gane el cielo debe entrar revestido del manto de justicia. “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro”. 1 Juan 3:3. En el carácter de Cristo no había desarmonía de ninguna especie. Y ésta debe ser nuestra experiencia. Nuestra vida debe estar dominada por los principios que regían la suya.
Por medio de la perfección del sacrificio hecho en favor de la raza culpable, los que creen en Cristo, al venir a él, pueden ser salvados de la ruina eterna...
Que nadie sea engañado de tal manera por el enemigo como para pensar que es una condescendencia para algún hombre, por talentoso o culto o digno que sea, la aceptación de Cristo. Cada ser humano debe mirar al cielo con reverencia y gratitud, y exclamar con asombro: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios”. [*]
Mientras Juan pensaba en el amor de Cristo, se sintió impulsado a exclamar: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios”.
La gente considera un gran privilegio ver a un personaje de la familia real, y miles viajan grandes distancias para contemplar a uno de ellos. ¡Cuánto mayor es el privilegio de ser hijos e hijas del Altísimo! ¿Qué prerrogativa más grande se nos podría conferir que la de permitirnos formar parte de la familia real?
A fin de llegar a ser hijos e hijas de Dios, debemos separarnos del mundo. “Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor,... y seré a vosotros Padre, y vosotros me seréis a mí hijos e hijas”.
Hay un cielo delante de nosotros, una corona de vida que ganar. Pero sólo se dará la recompensa al vencedor. El que gane el cielo debe entrar revestido del manto de justicia. “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro”. 1 Juan 3:3. En el carácter de Cristo no había desarmonía de ninguna especie. Y ésta debe ser nuestra experiencia. Nuestra vida debe estar dominada por los principios que regían la suya.
Por medio de la perfección del sacrificio hecho en favor de la raza culpable, los que creen en Cristo, al venir a él, pueden ser salvados de la ruina eterna...
Que nadie sea engañado de tal manera por el enemigo como para pensar que es una condescendencia para algún hombre, por talentoso o culto o digno que sea, la aceptación de Cristo. Cada ser humano debe mirar al cielo con reverencia y gratitud, y exclamar con asombro: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios”. [*]
sábado, 29 de diciembre de 2012
Cristo en el sistema de sacrificios
El pecado de nuestros primeros padres trajo sobre el mundo la culpa y la angustia, y si no se hubiesen manifestado la misericordia y la bondad de Dios, la raza humana se habría sumido en irremediable desesperación.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 45.
La caída del hombre llenó todo el cielo de tristeza. El mundo que Dios había hecho estaba mancillado con la maldición del pecado, y habitado por seres condenados a la miseria y la muerte. Parecía no existir escapatoria para quienes habían quebrantado la ley...
Pero el amor divino había concebido un plan mediante el cual el hombre podría ser redimido. La quebrantada ley de Dios exigía la vida del pecador. En todo el universo sólo existía uno que podía satisfacer sus exigencias en beneficio del hombre. Puesto que la ley divina es tan sagrada como Dios mismo, sólo uno igual a Dios podría expiar su transgresión.
La primera indicación que el hombre tuvo acerca de su redención la oyó en la sentencia pronunciada contra Satanás en el jardín. El Señor declaró: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”. Génesis 3:15. Esta sentencia, pronunciada en presencia de nuestros primeros padres, fue una promesa para ellos. Mientras predecía la guerra entre el hombre y Satanás, declaraba que el poder del gran adversario finalmente sería destruido... Aunque habrían de sufrir por efecto del poder de su poderoso adversario, podían esperar una victoria final. Los ángeles celestiales explicaron más completamente a nuestros primeros padres el plan que había sido concebido para su redención. Se les aseguró a Adán y a su compañera que a pesar de su gran pecado, no se los abandonaría al control de Satanás. El Hijo de Dios había ofrecido expiar, con su propia vida, la transgresión de ellos. Se les otorgaría un tiempo de gracia y, mediante el arrepentimiento y la fe en Cristo, nuevamente podían llegar a ser hijos de Dios.
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