sábado, 29 de diciembre de 2012

Cristo en el sistema de sacrificios



El pecado de nuestros primeros padres trajo sobre el mundo la culpa y la angustia, y si no se hubiesen manifestado la misericordia y la bondad de Dios, la raza humana se habría sumido en irremediable desesperación.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 45
La caída del hombre llenó todo el cielo de tristeza. El mundo que Dios había hecho estaba mancillado con la maldición del pecado, y habitado por seres condenados a la miseria y la muerte. Parecía no existir escapatoria para quienes habían quebrantado la ley... 
Pero el amor divino había concebido un plan mediante el cual el hombre podría ser redimido. La quebrantada ley de Dios exigía la vida del pecador. En todo el universo sólo existía uno que podía satisfacer sus exigencias en beneficio del hombre. Puesto que la ley divina es tan sagrada como Dios mismo, sólo uno igual a Dios podría expiar su transgresión.
La primera indicación que el hombre tuvo acerca de su redención la oyó en la sentencia pronunciada contra Satanás en el jardín. El Señor declaró: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”. Génesis 3:15. Esta sentencia, pronunciada en presencia de nuestros primeros padres, fue una promesa para ellos. Mientras predecía la guerra entre el hombre y Satanás, declaraba que el poder del gran adversario finalmente sería destruido... Aunque habrían de sufrir por efecto del poder de su poderoso adversario, podían esperar una victoria final. Los ángeles celestiales explicaron más completamente a nuestros primeros padres el plan que había sido concebido para su redención. Se les aseguró a Adán y a su compañera que a pesar de su gran pecado, no se los abandonaría al control de Satanás. El Hijo de Dios había ofrecido expiar, con su propia vida, la transgresión de ellos. Se les otorgaría un tiempo de gracia y, mediante el arrepentimiento y la fe en Cristo, nuevamente podían llegar a ser hijos de Dios.

martes, 2 de octubre de 2012

Los líderes deben practicar y enseñar la reforma pro salud




La iglesia está haciendo historia. Cada día es una batalla y una marcha. Por todos lados estamos acosados por enemigos invisibles. O vencemos por medio de la gracia que nos da Dios, o somos vencidos. Insto a quienes están adoptando una posición neutral con respecto a la reforma pro salud a que se conviertan. Esta luz es preciosa, y el Señor me da el mensaje para instar, a todos los que llevan responsabilidades en algún ramo de la obra de Dios, a prestar oídos al hecho de que la verdad debe tener la primacía en el corazón y en la vida. Solamente así puede alguien hacer frente a las tentaciones que con toda seguridad ellos encontrarán en el mundo. 
¿Por qué algunos de nuestros ministros manifiestan tan poco interés en la reforma pro salud? Porque la instrucción en la temperancia en todas las cosas se opone a su práctica de complacerse a sí mismos. En ciertos lugares ésta ha sido la gran piedra de tropiezo en la tarea de hacer que el pueblo investigue, practique y enseñe la reforma pro salud. Nadie debe ser consagrado como maestro del pueblo mientras su propia enseñanza o ejemplo contradiga el testimonio que Dios ha dado a sus siervos para que presenten con respecto al régimen, porque eso traerá confusión. Su falta de consideración por la reforma pro salud los descalifica para presentarse como mensajeros del Señor. 
La luz que el Señor ha dado sobre este tema en su Palabra es clara, y los dirigentes serán probados de muchas maneras para ver si le prestarán oído. Cada iglesia, cada familia, necesita ser instruida con respecto a la temperancia cristiana. Todos deben saber cómo comer y beber para preservar la salud. Estamos en medio de las escenas finales de la historia de este mundo, y debe haber una acción armoniosa en las filas de los observadores del sábado. Los que se apartan de la gran obra de instruir al pueblo sobre este asunto, no están siguiendo en los pasos del gran Médico se cita. Mateo 16:24
El Señor me ha manifestado que muchísimas personas serán rescatadas de la degeneración física, mental y moral por medio de la influencia práctica de la reforma pro salud. Se darán disertaciones sobre la salud, y se multiplicarán publicaciones sobre el mismo tema. Los principios de la reforma pro salud serán recibidos con favor; y muchos serán iluminados. Las influencias asociadas con la reforma pro salud la recomendarán al juicio de todos los que quieran la luz; y ellos avanzarán paso tras paso para recibir las verdades especiales para este tiempo. Así la verdad y la justicia se encontrarán.—Consejos sobre el Régimen Alimenticio, 545, 546, 530

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Confianza en el Espíritu de Profecía(DSA. 95-391)



Nosotros, los delegados reunidos en Utrecht para celebrar el 56º Congreso de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, alabamos y agradecemos a Dios por el gracioso don del Espíritu de Profecía.

En Apocalipsis 12, Juan el revelador identifica a la iglesia en los últimos días como "el remanente", "el resto",... "los cuales guardan los mandamientos de Dios, y tienen el testimonio de Jesucristo" (versículo 17). Creemos que, en este breve cuadro profético, el Revelador está describiendo a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, la cual, no sólo guarda "los mandamientos de Dios", sino que tiene también "el testimonio de Jesucristo", el cual es "el espíritu de profecía" (Apocalipsis 19:10).

En la vida y el ministerio de Elena G. White (1827-1915), vemos cumplida la promesa de Dios de proveer y otorgar a la iglesia remanente "el espíritu de profecía". Aunque Elena G. White nunca reclamó para si el título de "profeta", creemos que hizo la obra de un profeta, y más que un profeta. Ella dijo: "Mi misión abarca la obra de un profeta pero no termina allí" (Mensajes Selectos, t.1, p. 40). "Si otros me llaman así [profetisa], no lo discuto" (ibíd, p. 39); "Mi obra incluye mucho más de lo que significa ese nombre. Me considero a mí misma como una mensajera, a quien el Señor le ha confiado mensajes para su pueblo" (ibíd, p. 40).

La misión principal de Elena G. de White fue dirigir la atención hacia las Sagradas Escrituras. Ella escribió: "Poco caso se hace a la Biblia y el Señor ha dado una luz menor para guiar a los hombres y mujeres a la luz mayor" (El colportor evangélico, p. 174). Ella creía que, aunque sus escritos eran una "luz menor", eran luz, y que la fuente de esa luz es Dios.

Como adventistas del séptimo día creemos que "En su Palabra Dios comunicó a los hombres el conocimiento necesario para la salvación. Las Santas Escrituras deben ser aceptadas como dotadas de autoridad absoluta y como revelación infalible de su voluntad. constituyen la regla del carácter; nos revelan doctrinas, y son la piedra de toque de la experiencia religiosa" (El conflicto de los siglos, p. 9) . Aunque consideramos que el canon bíblico está cerrado, creemos también, como creyeron los contemporáneos de Elena G. White, que sus escritos tienen autoridad divina, tanto en lo que se refiere a la vida cristiana como a la doctrina. Por lo tanto,

Recomendamos que, (1) busquemos como iglesia el poder del Espíritu Santo para aplicar más plenamente a nuestras vidas el consejo inspirado contenido en los escritos de Elena G. White, y, (2) que incrementemos los esfuerzos para publicar y hacer circular estos escritos alrededor del mundo.


miércoles, 1 de agosto de 2012

Colaboradores con Dios

“Honra a Jehová de tu sustancia, y de las primicias de todos tus frutos; y serán llenas tus trojes con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto”. Proverbios 3:9, 10. “Hay quienes reparten, y les es añadido más: y hay quienes son escasos más de lo que es justo, mas vienen a pobreza. El alma liberal será engordada: y el que saciare, él también será saciado”. Proverbios 11:24, 25. “Mas el generoso piensa en cosas generosas, y él por cosas generosas será hecho estable”. Isaías 32:8, VM.

 En el plan de salvación, la sabiduría divina estableció la ley de la acción y de la reacción; de ello resulta que la obra de beneficencia, en todos sus ramos, es doblemente bendecida.

 El que ayuda a los menesterosos es una bendición para ellos y él mismo recibe una bendición mayor aún. La gloria del evangelio Para que el hombre no perdiese los preciosos frutos de la práctica de la beneficencia, nuestro Redentor concibió el plan de hacerle su colaborador. Dios habría podido salvar a los pecadores sin la colaboración del hombre; pero sabía que el hombre no podría ser feliz sin desempeñar una parte en esta gran obra. Por un encadenamiento de circunstancias que invitan a practicar la caridad, otorga al hombre los mejores medios para cultivar la benevolencia y observar la costumbre de dar, ya sea a los pobres o para el adelantamiento de la causa de Dios. Las apremiantes necesidades de un mundo arruinado nos obligan a emplear en su favor nuestros talentos— dinero e influencia—para hacer conocer la verdad a los hombres [16] y mujeres que sin ella perecerían. Al responder a sus pedidos con nuestros actos de beneficencia, somos transformados a la imagen de Aquel que se hizo pobre para enriquecernos. Al dispensar a otros, los bendecimos; así es como atesoramos riquezas verdaderas.

martes, 3 de julio de 2012

Moisés—Poderoso por la fe

 Cuando quedó privado del cuidado protector del hogar de su infancia, Moisés era menor que José y Daniel y, sin embargo, ya habían amoldado su carácter los mismos instrumentos que amoldaron la vida de aquellos. Pasó solamente doce años con su parentela hebrea, pero durante ese tiempo puso el cimiento de su grandeza una persona de fama poco pregonada. Jocabed era mujer y esclava. Su destino en la vida era humilde, y su carga pesada. Sin embargo, el mundo no ha recibido beneficios mayores mediante ninguna otra mujer, con excepción de María de Nazaret. Sabiendo que su hijo había de pasar pronto de su cuidado al de los que no conocían a Dios, se esforzó con más fervor aún para unir su alma con el cielo. Trató de implantar en su corazón el amor y la lealtad a Dios. Y llevó a cabo con fidelidad esa obra. Ninguna influencia posterior pudo inducir a Moisés a renunciar a los principios de verdad que eran el centro de la enseñanza de su madre. Del humilde hogar de Gosén, el hijo de Jocabed pasó al palacio de los faraones, al cuidado de la princesa egipcia que le dio la bienvenida como a un hijo amado y mimado. Moisés recibió en las escuelas de Egipto la más elevada educación civil y militar. Dotado de grandes atractivos personales, de formas y estatura nobles, de mente cultivada y porte principesco, y renombrado como jefe militar, llegó a ser el orgullo de la nación. El rey de Egipto era también miembro del sacerdocio, y Moisés, aunque se negaba a tener parte en el culto pagano, fue iniciado en todos los misterios de la religión egipcia. Siendo todavía Egipto en ese tiempo la nación más poderosa y civilizada, Moisés, como soberano en perspectiva, era heredero de los mayores honores que el mundo le podía otorgar. Pero su elección fue más noble. Por el honor de Dios y la liberación de su pueblo oprimido, Moisés sacrificó los honores de Egipto. Entonces Dios se encargó en un sentido especial de su educación. Moisés no estaba aún preparado para la obra de su vida. Todavía tenía que aprender a depender del poder divino. Había entendido mal el propósito de Dios. Su esperanza era librar a Israel por la fuerza de las armas. Para ello, lo arriesgó todo, y fracasó. Derrotado y desalentado, se transformó en fugitivo y desterrado en un país extraño.

lunes, 2 de julio de 2012

Tiempo de despertar

No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad debidamente, y no pequéis. 1 Corintios 15:33, 34. 

¡Despierten, hermanos y hermanas, despierten! Proclamen el Evangelio en su sencillez. Escuchen lo que dice la Escritura como si de ello dependieran sus vidas. Es de la mayor importancia que escuchen correctamente, que purifiquen sus corazones del egoísmo, porque está en juego su bienestar eterno. ¿Están buscando la Perla de gran precio? ¿Se están precaviendo contra los engaños de Satanás? ¿O están listos para recibir las sugerencias de los que se han apartado de la fe, y dar oídos a espíritus seductores? La salvación de ustedes depende de su correcta manera de oír, y de recibir con humildad la Palabra injertada. ¿Se reconciliarán con Dios y obedecerán sus mandamientos, a fin de que puedan ser santificados en cuerpo, alma y espíritu? Han sido comprados por precio, por la muerte del unigénito Hijo de Dios. Sus corazones siguen latiendo. De esa pulsación depende su vida. Su latido es independiente de la voluntad de ustedes. Comen y duermen con indiferencia negligente. Pero el cuidado protector de Dios sobre ustedes es incesante. Controla el flujo y reflujo de la corriente vital. ¿Dónde está la gratitud que debiera levantarse de los labios humanos por su cuidado sustentador? ¿Dónde está el reconocimiento por su incesante desvelo?... ¡Despierten, despierten! Abandonen el orgullo y olviden su postura de indiferencia. Para ustedes, el tiempo de prueba ha llegado y deben tomar posiciones con Cristo o contra El. ¿De qué lado están? ¿Con el mundo o con Cristo? ¿Están recibiendo la verdad y preparándose para hablar en sazón a fin de atraer la atención de los descuidados e indiferentes? Dios demanda decididos cambios de actitud. La verdad que poseen es la Palabra del Dios viviente. ¿Qué están haciendo para cumplir con las demandas del Evangelio? ¿Es su mayor deseo conocer la voluntad de Aquel que se dio a sí mismo por ustedes en abnegación y sacrificio, a fin de que puedan llegar a ser hijos e hijas de Dios? ¿Están buscando despertar a las almas para que se interesen en las realidades eternas? Ahora es el momento en que ustedes deben aprender cómo trabajar fervorosa e inteligentemente en favor de la salvación de los que están a punto de perecer. No entren en componendas con los poderes de las tinieblas. Sepan cuáles son las demandas de la ley de Dios y obedézcanlas de corazón. Entonces sus vidas relucirán en medio de las tinieblas espirituales del mundo.—Carta 32, del 5 de febrero de 1907, dirigida a los miembros de iglesia en Melbourne, Australia, y sus alrededores.*

lunes, 25 de junio de 2012

Te amo

 “¡Te Amo!”


 ¡Cuán significativas son estas palabras para dos jóvenes! Pero cuánto más maravillosas resultan cuando nos son dichas por nuestro Salvador quien desea que seamos felices y que encontremos gozo en nuestra relación del uno con el otro. Cristo comparó su amor por la iglesia con el amor del esposo y la esposa. Las Escrituras contienen tiernas historias de amor tales como las de Jacob y Raquel, y la conmovedora historia de Ruth, la moabita, quien mediante su matrimonio con Booz llegó a ser un eslabón en la genealogía del Mesías. Nuestro Padre celestial se interesa en nuestra vida efectiva. Mediante los escritos inspirados de las Escrituras y de Elena G. de White, Dios ha dado consejos a los jóvenes en su búsqueda de la felicidad. 
             


De la Biblia 

“¡Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos hijos de Dios!”. 1 Juan 3:1.
 “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. Juan 10:10.
 “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido”. Juan 15:11.
 “El que os toca, toca a la niña de su ojo”. Zacarías 2:8.
 “Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia, ni ser presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no enojarse ni guardar rencor; es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad. Tener amor es sufrirlo todo, esperarlo todo, soportarlo todo. El amor jamás dejará de existir” (1 Corintios 13:4-8), Dios Habla Hoy.
“Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto te prolongué mi misericordia”. Jeremías 51:3.
 “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. Romanos 8:38, 39.




 De los escritos de Elena G. de White 

Te escribo porque te amo.—Carta 51, 1889.
 Queridos jóvenes, deseo hablaros decididamente porque quiero que seáis salvos.—Mensajes para los Jóvenes, 138.
 Mi querida hermana, le he escrito porque siento amor por usted.—Carta 51, 1894.
 No considero que su caso sea desesperado; si lo considerara así, mi pluma no estaría escribiendo estas líneas.— Testimonies for the Church 2:582.
 Acepta la corrección como proveniente de Dios; acepta el consejo que se te da con amor.—Carta 30, 1875.
 Presenta a Dios tus necesidades, gozos, tristezas, cuidados y temores. No puedes agobiarlo ni cansarlo. El que tiene contados los cabellos de tu cabeza, no es indiferente a las necesidades de sus hijos. “Porque el Señor es muy misericordioso y compasivo”. Santiago 5:11. Su amoroso corazón se conmueve por nuestras tristezas y aun por nuestra presentación de ellas. Llévale todo lo que confunda tu mente. Ninguna cosa es demasiado grande para que él no la pueda soportar; él sostiene los mundos y gobierna todos los asuntos del universo.

Ninguna cosa que de alguna manera afecte nuestra paz es tan pequeña que él no la note. No hay en nuestra experiencia ningún pasaje tan oscuro que él no pueda leer, ni perplejidad tan grande que él no pueda desenredar. Ninguna calamidad puede acaecer al más pequeño de sus hijos, ninguna ansiedad puede asaltar el alma, ningún gozo alegrar, ninguna oración sincera escapar de los labios sin que el Padre celestial esté al tanto de ella, sin que tome en ello un interés inmediato. El ‘sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas’. Salmos 147:3. Las relaciones entre Dios y cada alma son tan claras y plenas como si no hubiese otra alma sobre la tierra a quien brindar su cuidado, otra alma por la cual hubiera dado a su Hijo amado.—El Camino a Cristo, 100.

lunes, 18 de junio de 2012

Identificado con su iglesia


Identificado con su iglesia
Dios tiene una iglesia, un pueblo escogido; y si todos pudieran ver como yo he visto cuán estrechamente se identifica Cristo con su iglesia, no se oiría un mensaje tal como el que acusa a la iglesia de ser Babilonia. Dios tiene un pueblo cuyos miembros colaboran con él, que ha avanzado teniendo la gloria del Señor en vista. Escuchad la oración de nuestro representante en el cielo: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado”. ¡Oh, cómo anhelaba la divina Cabeza tener a su iglesia consigo! Sus hijos tuvieron comunión con él en sus sufrimientos y su humillación, y es su mayor gozo tenerlos consigo para que sean participantes de su gloria. Cristo reclama el privilegio de tener a su iglesia consigo. “Aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo”. El tenerlos consigo está en armonía con la promesa del pacto, y el acuerdo hecho con su Padre. Presenta reverentemente ante el propiciatorio su completa redención en favor de su pueblo. El arco de la promesa circunda a nuestro Sustituto y Garante mientras se derrama su petición de amor: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado”. Contemplaremos al Rey en su hermosura, y la iglesia será glorificada. 
A semejanza de David, podemos orar ahora: “Tiempo es de actuar, oh Jehová, porque han invalidado tu ley”. Los hombres han avanzado en la desobediencia a la ley de Dios, hasta alcanzar un punto de insolencia sin paralelo. Se están educando en la desobediencia, y se acercan rápidamente al límite de la tolerancia y del amor de Dios, y el Señor seguramente intervendrá. El reivindicará ciertamente su honor, y reprimirá la iniquidad prevaleciente. ¿Serán arrastrados los que guardan los mandamientos de Dios por la iniquidad que predomina? ¿Serán ellos tentados, porque se tenga a la ley de Dios en oprobio universal, a menospreciar esa ley que es el fundamento de su gobierno tanto en el cielo, como en la tierra? No. Para su iglesia su ley llega a ser más preciosa, santa y honorable, a medida que los hombres arrojen sobre ella escarnio y desprecio. Como David, pueden decir: “Han invalidado tu ley. Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro. Por eso estimé rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas, y aborrecí todo camino de mentira”. 
La iglesia militante no es todavía la iglesia triunfante; pero Dios ama a su iglesia, y describe por medio del profeta cómo se opone y resiste a Satanás, que está vistiendo a los hijos de Dios con las ropas más negras y contaminadas, y está reclamando el privilegio de destruirlos. Los ángeles de Dios los protegen de los asaltos del enemigo. El profeta dice: “Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová; y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás, Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio? Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel. Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de sí, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala. Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie. Y el ángel de Jehová amonestó a Josué, diciendo: Así dice Jehová de los ejércitos: Si anduvieres por mis caminos, y si guardares mi ordenanza, también tú gobernarás mi casa, también guardarás mis atrios, y entre éstos que aquí están te daré lugar”. 

La iglesia es propiedad de Dios


La iglesia es propiedad de Dios
La iglesia es propiedad de Dios, y el Señor la recuerda constantemente mientras está en el mundo, sujeta a las tentaciones de Satanás. Cristo nunca ha olvidado los días de su condescendencia. Al abandonar el escenario de su humillación, Jesús no perdió nada de su humanidad. Conserva el mismo amor tierno y piadoso, y siempre lo conmueve la angustia humana. Siempre tiene en cuenta que él fue un Varón de dolores, experimentado en quebrantos. No olvida a su pueblo que lo representa, que está luchando para exaltar su ley pisoteada. Sabe que el mundo que lo odió a él, odia también a su pueblo. Aun cuando Cristo Jesús ha pasado a los cielos, allí continúa siendo una cadena viviente que une a sus creyentes con su propio corazón de amor infinito. Los más humildes y débiles están unidos íntimamente a su corazón por una cadena de simpatía. Nunca olvida que él es nuestro representante, y que lleva nuestra naturaleza. 
Jesús ve a su verdadera iglesia en la tierra, cuya mayor ambición consiste en cooperar con él en la grandiosa obra de salvar almas. Oye sus oraciones presentadas con contrición y poder, y la Omnipotencia no puede resistir sus ruegos por la salvación de cualquier miembro probado y tentado del cuerpo de Cristo. “Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades; sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Jesús vive siempre para interceder por nosotros. Por medio de nuestro Redentor, ¿qué bendiciones no recibirá el verdadero creyente? La iglesia, que está por entrar en su más severo conflicto, será, para Dios, el objeto más querido en la tierra. La confederación del mal será impulsada por un poder de abajo, y Satanás arrojará todo vituperio posible sobre los escogidos, a quienes no puede engañar y alucinar con sus invenciones y falsedades satánicas. Pero exaltado “por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados”, Cristo, nuestro representante y nuestra cabeza, ¿cerrará su corazón, o retirará su mano, o dejará de cumplir su promesa? No; nunca, nunca. 

miércoles, 13 de junio de 2012

Un llamado al pueblo Adventista


Queridos hermanos de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Testifico ante mis hermanos y hermanas que la iglesia de Cristo, por debilitada y defectuosa que sea, es el único objeto en la tierra al cual él concede su suprema consideración. Mientras el Señor extiende a todo el mundo su invitación de venir a él y ser salvo, comisiona a sus ángeles a prestar ayuda divina a toda alma que acude a él con arrepentimiento y contrición, y él se manifiesta personalmente a través de su Espíritu Santo en medio de su iglesia. "Jehová, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podría  mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado. Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado. Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana... Espere Israel a Jehová, porque en Jehová hay misericordia, y abundante redención con él; y él redimirá a Israel de todos sus pecados".